Amor en Tiempos de COVID

Amor en Tiempos de COVID

 

Pablo Eduardo Aguilar Torres

Estudiante del Segundo Semestre de Licenciatura en Psicología Industrial y Comportamiento Organizacional


He tenido esto en mi mente y en mi corazón por algunos días. Seguramente tu expectativa para lo que estás a punto de leer va hacia una relación imposible entre dos personas, que se aman, pero no pueden estar juntos. Lamento darte la noticia de que no se trata de eso. 

Hoy quiero hablarte de lo que he podido descubrir en este tiempo de cuarentena, lo que ha significado el Covid-19. Es interesante ver, leer y escuchar a mucha gente quejarse por tener que permanecer en casa, y no me malinterpreten, yo también me he quejado. Pero un día desperté pensando en las innumerables ocasiones en las que estuve quejándome porque tenía que pasar fuera de casa desde que amanecía, hasta que el sol volvía a ocultarse. Tiempo que no era desperdiciado, porque me encontraba en la universidad toda la mañana, y al salir, me dirigía a la velocidad de la luz hacia el trabajo. Permanecía ahí el tiempo suficiente solo para que al salir, el tráfico ya hubiese bajado lo suficiente como para manejar en la Calzada Aguilar Batres sin frenar. 

Era una vida bastante ocupada, los días se me pasaban volando. Y cuando finalmente encontraba un espacio para salir de esa rutina, me aseguraba de entregarle esas pocas horas a permanecer fuera de casa. Sé que en este momento el “amor en tiempos de covid” no parece ser el título más apropiado, pero mi intención era ponerte en contexto. 

Así que conoces un poco la rutina de un joven de 24 años de edad, estudiante y trabajador al mismo tiempo; con aspiraciones, sueños, metas y un sinfín de ideas. Como cualquier otro joven, estoy listo para comerme al mundo, pero olvidé por completo a las únicas personas que han permanecido firmes, ahí al lado mío, creyendo en mis ideas más locas: Mi Familia. 

Fue un momento duro el darnos cuenta de que tendríamos que poner en pausa muchísimas actividades y personas, que en algún momento, habíamos agendado para este 2020. Además de tener que convertir nuestro hogar en salón de clases, oficina de trabajo, restaurante, parque, centro comercial y muchísimas cosas más solo para no morir de aburrimiento. Lo irónico en todo esto, es que no fueron estas cosas las que me sorprendieron en mayor forma. La mayor impresión en medio del proceso fue darme cuenta de que ya no conocía a mi familia. Sí, vivíamos, comíamos, reíamos juntos, pero ya no los conocía. 

Dediqué la mayor parte de mi tiempo a todo lo que estaba afuera, que cuando me tocó volver a casa, sentí que estaba con un grupo de extraños. Un día, un amigo me dijo: “Amo a mi familia, pero ya no los soporto. Estoy harto de estar con ellos todo el día”. Por un momento me dije a mí mismo que me sentía de la misma manera, hasta que volvimos a sentarnos a la mesa y nos dimos cuenta que cada asiento seguía teniendo un dueño autoproclamado, discutíamos por quién tendría que lavar los platos o a quién le tocaba barrer y trapear. 

Parecen niñerías, pero esas niñerías no solo nos daban ese aroma a lo cotidiano, sino que poco a poco, traían de regreso a ese grupo de extraños, que en algún momento se conocieron a la perfección. Tuvimos que descubrir que ya no nos gustaban las mismas cosas que antes, que ya no pensábamos como solíamos hacerlo y definitivamente ya no nos amábamos igual. 

No era una cuestión de ya no amar a mi familia, porque el sentimiento estaba ahí, pero todos estábamos tan ocupados en nuestro individualismo y en lo que cada uno tenía que hacer por separado, que habíamos dado por sentado el sentimiento de tener una familia. Poco a poco el título comienza a tener un poco más de sentido. Amar en tiempos de Covid, no solo ha sido una aventura, ha sido una de las mejores experiencias de mi vida. 

Pude volver a casa, reencontrarme con las únicas personas, aquí en la tierra, dispuestas a dar su vida por mí. Es que nuestra relación creció más allá de estar juntos por obligación, estamos juntos porque queremos estar juntos. Hubiese sido muy difícil recibir la carta de mi despido sin mi familia al lado mío, prometiéndome que todo iba a salir bien, que íbamos a salir adelante. 

Valoremos a esas personas que, por alguna razón, Dios decidió entregarnos en nuestras manos. Amar en tiempos de covid es duro, a veces es inevitable molestarnos unos con otros o solo querer salir corriendo, pero cuando las cosas vuelven a la calma, agradezco tener a quien amar en tiempos de Covid.  

 


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