COVID-19 y un nuevo nacimiento

COVID-19 y un nuevo nacimiento

 

Claudia Elizabeth Ávila Mérida

Estudiante de segundo año de Licenciatura en Teología Práctica

 


El Covid-19 tomó al mundo desprevenido, por sorpresa. Algo semejante sucedió algunos siglos al final de la edad media, cuando la peste negra atemorizaba y mermaba la vida de miles de personas en Europa. Fueron tiempos difíciles, de temor, de angustia, y de mucha confusión. La peste no respetó edad, estrato social o género. Así como pasa hoy con el Covid-19.  Hubo muchas teorías respecto a su origen, su diseminación y su cura. También se aplicó el distanciamiento social voluntario y el cierre de ciudades enteras. Por supuesto, también existieron personas ofreciendo una cura mágica para estafar a algunos muy desesperados. Y es que, en tiempo de pandemia, nunca faltan los oportunistas, los desesperados, los esperanzados y los desconfiados.

Hoy el mundo vive una de las crisis sanitarias más fuertes de la edad postmoderna. El confinamiento en la mayoría de las ciudades del mundo ha sido la regla, y ha sido difícil de llevar. Muchos nos preguntamos si acaso la vida volverá a ser igual. Y de no ser así ¿qué nos espera? Es allí cuando encontramos en la historia y en las Escrituras un espejo donde podemos ver un reflejo que quizás nos revele algunos escenarios posibles. 

Luego de la terrible peste, Europa se empezó a recuperar con un costo de vidas altísimo. Sin embargo, una de las mejores etapas del viejo continente estaba por venir. Lo llamaron “El Renacimiento” y es que literalmente Europa estaba renaciendo. Sabemos que el nombre no se debe solo a la peste, sino mayormente al ejercicio de explorar nuevamente las artes clásicas y el pensamiento filosófico griego. Sin embargo, Renacimiento era un nombre muy adecuado para la época que se estaba viviendo. Estos años vieron nacer a Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Brunelleschi, Rafael Sanzio, por mencionar a los más famosos. Europa produjo una gran cantidad y nos regaló maravillosas obras de arte que hoy disfrutamos a la distancia. En estos siglos se desarrolló el pensamiento humanista que puso al hombre en el centro de todo.

Pero, ¿qué tiene que ver el pasado con el presente? ¿Que tienen que ver esas épocas con esta edad postmoderna? ¿Qué lecciones nos ofrece? ¿Hay algo que podamos aprender? ¿Existen errores que no deberíamos repetir? Considero que sí.

Uno de los mayores aprendizajes que la peste nos dejó es que el miedo provoca violencia, y la violencia caos social. Hoy el Covid-19 naturalmente provoca temor, pero debemos ver la historia y meditar si la violencia, la especulación o el miedo resolvieron el problema de la pandemia en esos años. Me parece que no. Hoy las noticias están tristemente plagadas de temor expresado a través de racismo, muerte y especulación. Asesinan con palabras y emiten juicios aquellos que poco saben de justicia. Hace falta cordura, paz y sensatez en los corazones.

La pandemia no es el fin. Es el inicio de una nueva era de nuestra edad. Hoy la humanidad tiene la oportunidad de leer su historia desde el confinamiento y ver más allá de lo que hoy vemos. En Latinoamérica podemos renacer como Europa un día lo hizo, solo que no cometamos los mismos errores. Es inevitable reflexionar que si bien el Renacimiento trajo consigo resiliencia, produjo conocimiento, belleza y criterios nuevos. También sacó de la ecuación a Cristo y hoy nos pasa lo mismo. La fe es vista con desconfianza, y no sin buenas razones. Sin embargo, el culpable no es Cristo, Él es la solución y la esperanza para renacer. 

Los cristianos, el Cuerpo de Cristo en la tierra, debemos dar esa esperanza de vida, de renacer, de vivir una vida llena de fe y paz en medio de tantas noticias y desinformación. Debemos mostrar a través de nuestras vidas a ese Jesús que se sentó en el Monte de las Bienaventuranzas en Mateo 5, y que dio al mundo una cátedra de su ética. 

El Covid-19 pasará, y seguiremos adelante, pero la cuestión es si repetiremos la historia ¿Sacaremos a Dios de la ecuación o lo haremos el centro de nuestro Universo? ¿Amaremos al prójimo o lo difamaremos? ¿Cerraremos las manos o las extenderemos para dar? Todavía podemos cambiar el rumbo. Aún es tiempo de un nuevo nacimiento. La Escritura dice: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano” (Isaías 55:6 Versión Reina Valera). Cristo todavía se deja hallar en la cotidianidad de nuestras vidas, solo necesitamos decidir observar más, actuar más y dar gracias por la oportunidad.

 


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