Pequeños privilegios

Pequeños privilegios

 

Verónica Elizabeth Pérez Núñez

Estudiante de la Licenciatura en Derecho y Justicia


 

Al inicio de año, muchos teníamos planes, teníamos vacaciones programadas, decíamos este sería nuestro año; quizá un nuevo empleo, retos en los estudios, una expectativa increíble. Sin embargo, nadie esperaba que el Coronavirus que se escuchaba en las noticias en el otro lado del mundo llegara a nuestro continente. Muchos se mostraban optimistas que no llegaría a Centroamérica, pero lamentablemente llegó. Estamos viviendo una situación única en los tiempos modernos de la humanidad. Me atrevo a decir que cada uno de nosotros, desde su país de origen o donde radiquen, estamos siendo afectados de alguna manera; ya sea psicológica, física, económica o en otra área de nuestra vida. El mundo ha cambiado y nosotros con él. 

Yo soy salvadoreña radicada en Guatemala desde el 2016. Por motivos de trabajo y desarrollo profesional vine a este hermoso país. Todo marchaba bien, viajaba unas dos o tres veces a mi país para visitar la familia, los hospedaba en mi casa cuando ellos pasaban sus vacaciones o fechas festivas en Guatemala, aparentemente una vida normal, tranquila y quizá hasta acostumbrada a vivir lejos de la familia, pero es hasta el año 2020 en época de pandemia, donde reacciono que la familia es un pilar muy importante en la vida del ser humano.

Es interesante que, al estar en confinamiento, nos hacemos compañía todos a la distancia mediante aplicaciones como WhatsApp, las redes sociales y la tecnología, sin duda alguna son y serán anécdotas y sentimientos que compartimos con todo el mundo. Antes del Covid-19 las llamadas con mi familia eran muy esporádicamente, ahora hablo con ellos por lo menos unas 4 veces a la semana. Me tocó conocer a mi sobrino, que nació hace un mes, por una video llamada. No ha sido lo mismo, pero las herramientas virtuales me han ayudado a acercarme a mi familia. Sin embargo, siempre vivo temerosa que algo les pase y yo no estar cerca para ayudar, temor por mis abuelos, por mis padres, por mis hermanos, por mis amigos de El Salvador. 

Es bien conocido para muchos que El Salvador inició su primera fase de la reapertura económica a la nueva normalidad y es difícil escuchar malas noticias de personas conocidas. Eso nos hace sentir muy cerca del peligro. Pero a la vez, te hace apreciar también mucho más el hecho de continuar a salvo y valorar los pequeños privilegios que muchos de nosotros tenemos como lo es el teletrabajo para mí, aquí en Guatemala. 

Cuando era pequeña siempre soñé con enfrentar alguna vez un reto grande. Y ahora que estoy viviendo la pandemia y el confinamiento sola, pienso que la vida me escuchó; por ello, considero que esa es la manera en que se debe ver esta situación; como un RETO, del cual vamos a salir triunfantes. Cuando tengo el sentimiento de tristeza por encontrarme sola, trato en lo posible de traer recuerdos de aquellos tiempos donde reíamos, peleábamos, las cenas familiares, las tardes de café con los amigos; porque pocas fueron las veces en que tuvimos la oportunidad de estar todos juntos, porque sé que estos tiempos no volverán a ser los mismos.

Cada quien se ha visto afectado de alguna manera en particular en esta pandemia, en mi caso fue con la familia, así que si tú que lees este artículo vives con tu familia valórala, ámala, protégela y disfruta este tiempo de acercamiento con ellos, crea lazos fuertes, pues cada uno tiene un rol especial en el hogar. 

El Covid-19 continúa, los casos aumentan, solo queda aceptar con actitud positiva que saldremos todos de esta situación y cuidarnos los unos a los otros, ya que es la forma de demostrar nuestro amor. 

 


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