Reaprendiendo a vivir en familia y como familia

Reaprendiendo a vivir en familia y como familia

 

Lic. Esvin Lemus

Sociólogo
Coordinador Académico Formación de Asistentes Dentales y 
Docente de la Universidad San Pablo de Guatemala

 


Nuestros antepasados sabiamente nos enseñaron a vivir en paz, a tratar bien a los demás, a respetar a nuestros padres, a los mayores de edad, a nuestros hermanos, a la flora y la fauna, a los recursos naturales, a la familia, a nuestro hogar, a las autoridades; pero sobre todo a conducirnos y comportarnos según los mandatos de nuestro Divino Creador. Sin embargo, toda esta bella enseñanza y herencia familiar se ha ido erosionando y debilitando, cayendo muchas veces en conductas humanas que son claras evidencias de una descomposición social y desintegración familiar.

En el año 2012 con el apoyo financiero de la Fundación Paiz para la Educación y la Cultura, del BID, de la Universidad del Valle de Guatemala, se realizó en los municipios ubicados en la Cuenca del Lago de Atitlán, Sololá, un estudio de campo, para lograr determinar las razones que estaban incidiendo en la descomposición social y problemática que afecta a todas las comunidades del área citada. Se obtuvo como producto final, un texto antropológicamente bien elaborado denominado: El Libro de Los Abuelos. Para asegurar que los resultados fueran los más cercanos a la realidad, se contrató y capacitó a profesionales del área, de ambos sexos, que hablaran el idioma local y que vistieran los trajes típicos; de tal forma que pudieran sin ninguna dificultad, relacionarse con la población objetivo del estudio, que en este caso eran adultos mayores de ambos sexos, que tuvieran como mínimo 65 años de edad.

Se realizó la recolección de los datos y todos estos hallazgos, fueron ordenados e interpretados por un grupo de antropólogos que se encargaron de la sistematización y redacción final del informe. Es de destacar que una de los grandes conclusiones a las que se arribó es que según la opinión de los informantes, es decir de los ancianos; lo que está ocurriendo en la sociedad, ocurre porque se está perdiendo progresivamente el respeto a todo nivel, que al perderse el respeto, se cae en una etapa degenerativa que destruye las bases morales sobre las cuales se rige la familia y la sociedad.

Aunque pareciera extraño y descabellado, sin duda alguna; el estar obligadamente juntos como familia, compartiendo días enteros: los estudiantes sin ir a estudiar, los mayores sin ir a trabajar, los jóvenes sin poder cumplir con sus compromisos sociales; es decir, todos juntos; es una magnífica oportunidad para reencontrarnos y reaprender a vivir juntos y ser una familia. 

Porque esta vida llena de compromisos, ya nos estaba vedando la oportunidad de ver a nuestros hijos o ellos a nosotros; los padres saliendo por la mañana cuando los jóvenes aún están descansando y retornando en horas que los jóvenes están en la universidad, o en reuniones relacionadas con este proceso de aprendizaje; los niños pequeños saliendo desde temprana hora, cuando los padres, al estar ocupados también en su preparación personal para ir a trabajar, le prestan poca atención y retornando en horarios que los padres aún no han llegado a casa. ¿Qué tiempo ha podido existir para interactuar con nuestros hijos, para conversar como familia? Difícil escenario, pero cierto. 

Por otra lado, si además de ello agregamos otra variable, como la presencia en nuestras vidas de los dispositivos móviles, que de paso se han venido a adueñar del tiempo de chicos y grandes; esta situación se complica más. Si no lo creemos, detengámonos un momento para observar: ¿Qué estamos haciendo todos los integrantes de la familia a la hora del almuerzo? Sin duda alguna, estamos haciendo tres cosas: almorzando a medias, revisando nuestro celular con mucha atención y prestando media atención a lo que se está conversando.

Por todo ello, estimo que este confinamiento obligatorio, permite a la familia reencontrarse, encontrar puntos comunes de interés, reflexionar sobre la vida, revisar y recordar nuestros quehaceres pasados, definir visiones futuras, pensar sobre la vida que estamos llevando, intentar reconstruir nuestra relación familiar social que hemos estado destruyendo. Pero, sobre todo, reencontrarnos con las enseñanzas de nuestro Divino Creador.

¡Cuánta falta nos hace conversar! Ahora, guardando el distanciamiento recomendado, observarnos a los ojos, felicitarnos en persona, agradecernos en persona. ¡Cuánta falta nos hace observar gestos de nuestra familia, escuchar palabras agradables o palabras de reclamo, por cosas que sin querer hemos dejado de hacer! ¡Cuánta falta nos hacía estar juntos! Y aunque no sea el mejor momento, disfrutémoslo, porque ya se está hablando de volver a una nueva normalidad, que en otras palabras es hacer lo mismo, pero de otra manera. Aunque algunos no hemos experimentado esta vivencia aún, sin duda alguna traerá consigo comportamientos que nuevamente nos volverán a separar. Aprovechemos el momento para desarrollar redes de confianza reconstruida, fortalecida y firme, que se anteponga a otros temas e intereses que, sin duda, se presentarán.


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