Somos la realidad, la huella, la marca que el país y nuestra gente necesita

Somos la realidad, la huella, la marca que el país y nuestra gente necesita

 

Mario D. Revolorio

Estudiante de la Facultad de Ciencias Empresariales


He visto cómo sufren las personas que quiero, he sufrido las pérdidas que han tenido, he visto los resultados y secuelas de la crisis; cómo han afectado a las personas que realmente me importan. He visto cómo se derraman sus lágrimas sobre sus mejillas y cómo han fluido las suyas en las mías. He dado abrazos que me hacen palpar el destrozo y el dolor de sus almas. Que esto nos impulse a tomar una decisión:  La de vivir honrando a esas personas. Así que honremos sus pérdidas con nuestra vida, vivamos de tal forma que nunca los podamos avergonzar y que sientan el orgullo de nuestras acciones; vivamos de tal forma que a través de nuestra pérdida, demos vida a otros.

Entreguemos aquello que no se puede comprar, seas quien seas, demos y produzcamos la mejor cura para una enfermedad, para una crisis. Propiciemos amor. Hagamos que sonrían sus corazones y que revivan aquellas almas rotas. ¡Devolvamos su brillantez!

Así que te propongo algo. Tómate un tiempo para llamar a esas personas que quieres, tienes o las que aún quedan contigo. Deja a un lado el estrés, la preocupación, la frustración y toma tu teléfono. Haz esa llamada, envía ese mensaje y que hable tu corazón. Diles lo que significan para ti. Da ese abrazo a quienes puedas. Siente el calor que te deja y el sentimiento que produce el afecto. Puede que te lleve minutos o un par de horas, pero ten por seguro y confía en que al final será el mejor momento que habrás pasado en este tiempo y espacio. 

Nuestra labor ahora es crear posibilidades, donde nadie las produzca. Donde todos lo den por perdido, nosotros veamos esperanza. No perdamos esa chispa que inicia proyectos, comienza trabajos, lanza empresas y salva sueños. Esa chispa de esperanza es la que nos da la convicción de creer en nuestros prinicipios, es la que nos hace mantener a flote nuestra fe, nuestros ideales, nuestros sueños y  lo que realmente somos. 

Es lo que nos hace levantarnos cada día con la mentalidad de progresar, de avanzar, de remar contra corriente. No importa quién seas, si eres empresario, ministro, presidente,  empleado, jefe, obrero, campesino, estudiante, hijo, esposo, ciudadano o extranjero. Porque en lo más profundo de nuestro intelecto, sabemos que esta crisis la podemos transformar en un eventro de posibilidades infinitas, que esto no te detenga.

Nos pueden llamar locos, ilusionados o soñadores. Ellos, a diferencia de nosotros, se quedan en el deseo; nosotros transformamos ese deseo en acción. Tenemos la capacidad de que esa idea subjetiva la volvamos un hecho, una realidad. No importa si existen variables que puedan producir una gran cantidad de obstáculos, caídas, errores o miedos. No importa que no veas apoyo físico o moral a tu izquiera o derecha. No importa que no tengas a alguien que te esté animando, dándote palmadas y palabras de aliento a tus espaldas. No importa que no haya alguien que te esté jalando y aconsejando para que vayas hacia al frente. Así como también no importa si estuviste caído o lo estás. 

Si estás sin ánimos, recuerda que siempre tendrás otra oportunidad. Si alguna vez te das por vencido, recuerda quién es el centro de todo y recuerda que tiene como principal característica poseer la  visión perfecta y periférica de todos los ángulos en el lugar o posición en la  que te encuentres. Usa todo lo que está en tu contra como propulsor, úsalos para tu beneficio, aprovéchalos al máximo y no te olvides de disfrutar ese medio para ese fin.

¡Así que hazlo! ¡Prepárate! No pienses que es el momento de otro. Recuerda que  somos lo que somos y si solo buscamos plata, en eso nos convertiremos. Recuerda que debemos hacer lo que nos apasiona para ser fervientes y vivir con vehemencia. Tenemos que  verdaderamente residir y sentir la libertad que se nos ha otorgado como un derecho divino, natural y humano. Porque a muchos los mueve la ambición, la vanidad, la codicia y la fama. Cuando lo que en realidad nos debería de mover es nuestra esencia, lo que dicta nuestra alma. El hambre por nuestra devoción es vital para nuestro país y para el mundo entero. ¡No lo dudes! 

Que nos conozcan por la grandeza de nuestra alma, por la energía mental, por la determinación que poseemos y nuestra entrega en lo que desempeñamos. Hagamos de esta crisis, la mejor edad de oro por la que pudo haber pasado el país y marquemos a las descendencias posteriores con nuestra generación; aquella que al igual que las pasadas y futuras, tenían y tendrán sueños. Que nos recuerden como la generación que se enfrentó a la peor crisis ¡Que la situación hizo que cayéramos, pero nos levantamos, luchamos con fuerzas sobrenaturales y ganamos! Esa será la estafeta de nuestro legado.

Que le entreguemos a nuestra gente la esperanza que necesita. Que se sienta ahora y se recuerde en el futuro. Necesitan en qué creer, requieren individuos con iniciativa, personas que se arriesguen y que vean que las cosas pueden suceder. Exigen ver hombres y mujeres que hagan que pasen las cosas, que pueden alcanzar sueños, realizar proyectos, ejecutar planes y formar imperios; que todo puede lograrse y que los miedos a pesar de lo que acontezca, pueden vencerse. 

¡Esto requiere sacrificio! Debes entrenar todos los días, dormir menos que todos, saber más de lo que esperas; sacrificar mucho, pero hazlo. ¡No pierdas más tiempo! ¡Cree y ve por ello! Sabré que mis palabras no quedaron en una simple hoja. Sé que marcarás la diferencia y aportarás a la historia. A la esperanza de nuestra gente, este reto se te ha lanzado a ti.

Con todo mi corazón esperaré poder estrechar tu mano y esperar ese momento en que ambos digamos, lo hicimos, lo logramos, sí se pudo. Gracias por unirte a esta historia, es un privilegio escribirla contigo.


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