Todavía hay oportunidad de cambiar

Todavía hay oportunidad de cambiar

 

Ing. Jorge Jordán

Decano de la Facultad de Liderazgo

 


Las semanas se siguen complicando, nuestro carácter social hace presencia y los atributos que como sociedad nos mantienen estancados en el subdesarrollo cada día echan más raíz en nuestras actitudes y en la forma en que nos desenvolvemos como país.

El Coronavirus fue sorpresa hace 3 meses, tuvimos la oportunidad utópica para proponer un cambio social-cultural sin precedente, se presentaron las circunstancias ideales para promover una modificación conductual real en nuestra sociedad. El tiempo ha transcurrido y parece que las actitudes que nos mantienen amarrados a un destino desalentador, cada vez toman más fuerza. Por ese motivo quiero proponer un espacio de reflexión que en algún momento pueda generar diálogos educados y respetuosos con todos aquellos que se quieran sumar para crear propuestas integradoras de desarrollo.

Primero, quiero compartir una apreciación personal sobre las principales características antidesarrollo que he podido identificar dentro de la cultura guatemalteca, y cuando digo dentro de la cultura guatemalteca quiero decir que forma parte del actuar, pensar y desenvolvimiento de casi todos los ciudadanos de este hermoso país (en algunos casos me atrevería a decir todos):

  • El derecho es maleable y manipulable.
  • La comunidad la conforman los conocidos y principalmente la familia.
  • La corrupción es una dinámica normal para el desenvolvimiento de nuestra forma de vida.
  • El odio y el resentimiento han permeado en la comunicación volviéndose elementos comunes del mensaje.
  • La vida y las oportunidades deben aprovecharse hoy.

Y aquí voy yo nuevamente con la cantaleta de la cultura y el impacto que tiene en el desarrollo de nuestra sociedad. Y he de disculparme por la expresión tan coloquial, pero había una intención intrínseca de ponerlo en el contexto de la cultura que nos envuelve.

Creo profundamente que, para poder ver un cambio como sociedad, será hasta que empecemos a ver cambios en lo individual. Si usted es de las personas que andan con la bandera de: yo sí hago, yo sí ayudo, yo sí pienso; le sugiero este ejercicio mental: en lugar de pensar en lo que sí hace pruebe pensar en lo que no está haciendo o está haciendo a medias, permítame los siguientes ejemplos:

  • ¿Cuándo fue la última vez que se detuvo en todos los pasos de cebra en la ruta de su casa al trabajo?
  • ¿En el último año ha pedido facturas a nombre de un familiar, empresa o conocido?
  • ¿Se recuerda cuándo fue la última vez que hizo algo por los ancianos de su comunidad (no familiares)?
  • ¿Aceptaría un cargo público bien pagado o de mucho poder por una plaza para la que no cumple requerimientos? (Ser honesto con uno mismo también es un atributo de interés para este ejercicio).

Es obvio que nadie le pasará una evaluación para conocer el resultado de sus respuestas, y la única persona que conocerá en el fondo de su conciencia, si la respuesta fue contestada con honestidad será usted mismo; pero lo que esta nota sí busca tocar, es el nervio de la autoevaluación y la autocrítica.

Un estudio llevado a cabo a mediados de la primera década del año 2,000 ilustró la capacidad de la sociedad guatemalteca para reconocer lo correcto de lo incorrecto (basado principalmente en el criterio de actitudes morales). Sin embargo, este mismo estudio presentó un resultado que contrapone los hallazgos encontrados en la primera fase del estudio y es que el individuo guatemalteco también tiene la capacidad de generar diferentes criterios morales para una misma situación basado en la conveniencia del resultado esperado. Esto significa que, aunque el individuo sepa reconocer lo correcto de lo incorrecto sus acciones dependerán de qué tanto se vean afectados sus intereses.

  • Yo no robo, pero compro películas piratas porque son más baratas.
  • Yo no miento, pero no declaro el valor real de mis posesiones porque nadie más lo hace.
  • Yo cumplo las leyes, pero en el tráfico de igual forma nadie respeta las reglas.
  • Yo no soy corrupto, pero tratar de agilizar trámites a través de contactos o pagando es la única forma de hacer que las cosas pasen en este país.

Entender que debemos cambiar nuestra forma de pensar en sencillo, pero cambiar no lo es. Mi propuesta es que cada uno de nosotros haga un esfuerzo por tratar de entender que nuestro pensamiento no es el adecuado para buscar el desarrollo. El primer paso para la lucha de cualquier vicio es aceptar que se tiene un problema, sin duda ese es el paso más complejo que como sociedad tenemos que dar, y eso significa que cada individuo debe empezar por reconocer que él/ella tiene una limitación para buscar el desarrollo y esa limitación proviene de todos los elementos que han contribuido a la formación de nuestra estructura mental.

Creo que podemos cambiar; pero para eso, primero tenemos que querer cambiar.

 


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