¿Un año robado?

¿Un año robado?

 

Karen Gabriela Tzoc Xicay

Estudiante de primer año de Licenciatura en Diseño Gráfico y Fotografía

 


 

Este año ha sido controversial en nuestras vidas. El COVID-19 trajo consigo muchos cambios a nuestros días cotidianos. Dio un giro total a nuestros días rutinarios, pero a pesar de que trajo muchos aspectos negativos como los encierros parciales, que provocaban en muchas de las personas efectos como depresión, ansiedad, desesperación y nostalgia; podemos decir también que trajo efectos positivos: el poder tener más tiempo para convivir con nuestros familiares, el ser conscientes que los días cotidianos que teníamos, en donde nos quejábamos constantemente del trabajo o el tránsito vehicular eran también bendiciones que Dios nos daba, nos permitía el poder movilizarnos en vehículo, tener un trabajo para proveer alimentos a nuestras familias. Estos son aspectos que uno nota en momentos y situaciones como esta, cuando se nos limita o restringe de algo que ya teníamos percibido como un hecho o un derecho. 

Hace poco tuvimos una videollamada con mis compañeros de universidad, y salió al tema cómo nos ha afectado personalmente la cuarentena, coincidimos que nos hemos sentido más decaídos anímicamente, que sentimos que el tiempo no pasa y que, a pesar de que aún seguimos con el contenido de las clases, percibimos que es más grande la carga de estrés. Esto nos llevó a la importancia que tiene salir de un entorno e interactuar con más personas y lugares. No solo el hecho de la cuarentena, sino que a eso sumarle los días nublados y con llovizna que hemos tenido, ciertamente esto no nos permite mejorar nuestros ánimos y energías. 

Pero a pesar de todo eso, la cuarentena nos permitió el poder interactuar más con nuestras familias, tener charlas más profundas y actualizarnos de lo que normalmente no podemos ponernos al tanto, como también el poder compartir momentos como preparar la cena, hacer juegos dinámicos o simplemente ver una película todos juntos. 

Lastimosamente, la economía ha sido una de las áreas que más ha afectado a la población, no solo a los pequeños trabajadores, sino también a los ejecutivos; los ha llevado a buscar alternativas en las cuales puedan seguir gestionando sus tareas o servicios.

En lo personal, considero que el nivel socioeconómico más afectado es el bajo, debido no solo porque su situación ya contaba con muy pocas oportunidades de trabajo, sino que ahora son más escasas o de alto riesgo de contagio, por las situaciones a las que se deben exponer para poder conseguir ingresos.

En la actualidad, nosotros como jóvenes o en su mayoría, estábamos acostumbrados a solo ser conscientes o percibir lo que está en nuestro alrededor, tendemos a ser algo indiferentes ante las situaciones de otros. Vivimos en nuestra realidad separándonos de la de otros, pero el COVID-19 trajo consigo eso, el salir de esa realidad o “burbuja” en la que vivimos. Nos hace día a día ver cómo muchas personas salen de su zona de confort y se vuelven innovadoras para poder salir adelante en la situación actual. Estos son aspectos que nosotros, como jóvenes, debemos darnos cuenta y tomarlas como inspiración para el futuro que nos espera y no resguardarnos en solo lo que nos rodea. 

Para finalizar solo les dejo el poder tomarnos el tiempo de reflexionar y ser agradecidos por cada una de las cosas que tenemos, por la más mínima que sea. En estos tiempos de pandemia es bueno saber valorar todo lo que teníamos como lo nuevo por tener y vivir. La misericordia de Dios es grande y lo mejor que podemos hacer es orar por aquellos que son más necesitados. No considero un año robado, más bien lo considero de ganancia, pero con experiencias diferentes que me hacen ver una nueva forma de vivir. 


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