Un estándar aún mayor

Un estándar aún mayor

 

Flavio Gilberto Pivaral Véliz
Estudiante del segundo año de Licenciatura en Teología Práctica  


Por donde lo veamos, el efecto COVID-19 ha potencializado la sensibilidad social acerca de temas de interés global, temas sobre política, ética, economía, biología, y por supuesto que ha puesto en entredicho el significado de ser un verdadero cristiano.

Todo el pensamiento de la postmodernidad, en la que cada sociedad define qué es ético y qué no, sumado al acceso a la tecnología y la facilidad de emitir prejuicios, han hecho que la iglesia en general esté bajo un intenso cuestionamiento y un ataque sistemático a los valores absolutos que representa. Esos mismos valores y principios de un reino que no es de este mundo, pero que tienen la capacidad de transformarlo profundamente.

Por todos lados podemos encontrar y leer opinión y prejuicio, y puede llegar a ser fácil perder el norte sobre nuestro verdadero rol como cristianos, en medio de una crisis humanitaria tan intensa como la actual. La historia nos demuestra que es en medio de esta crisis, que el liderazgo de la iglesia debe de prevalecer como un estandarte de amor y esperanza, y está en la historia el aprendizaje en el que debemos de reflexionar, para cumplir con un estándar aún mayor que el estándar que la misma sociedad pueda exigir.

Tenemos ejemplos palpables de serenidad, paz y templanza en las primeras persecuciones que la iglesia ha sufrido desde el principio, en donde no solamente se ponía en entredicho la reputación, sino la misma vida. Jesucristo mismo advirtió a sus discípulos en Juan capítulo 16 sobre que en el mundo tendrán aflicción y persecución, que hasta el día de hoy los cristianos sufren alrededor del mundo.

Entonces, ¿cuál es la postura que como cristianos debemos de mantener, frente a la persecución, el cuestionamiento, el señalamiento y acusaciones? Veamos a la cruz, el ejemplo de aquél que fue acusado y menospreciado, pero que como cordero manso se entregó por amor a todos nosotros.

No podemos igualar el estándar del mundo, porque no es el estándar del reino de Dios, un estándar mayor. El estándar ético que debe regir nuestro caminar y actuar como los que saben que cuentan con una doble ciudadanía como Pablo afirma a los Filipenses: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20 Versión Reina Valera). Y no lo describió como un hilo de escape de responsabilidad social y ciudadana, sino más bien para comprender la doble responsabilidad que tenían, y que los cristianos ahora tenemos ante nuestra sociedad, y ante el reino celestial.

Este estándar de ética que Bonhoeffer nos recuerda tiene una fuente inagotable: “El origen de la ética cristiana no se halla en la realidad del propio yo, ni en la realidad del mundo, pero tampoco en la realidad de las normas y valores, sino en la misma realidad de Dios en su revelación en Jesucristo” (p.43).

Dietrich Bonhoeffer fue un gran teólogo y hombre de Dios que en la práctica vivió y entregó la vida, demostrando lo que enseñaba durante la segunda guerra mundial en medio del régimen alemán nazi; que es en Jesucristo mismo, en su enseñanza de vida y en sus palabras que podemos y debemos encontrar ese nuevo estándar. Este estándar moral que es mucho mayor al que el mundo está acostumbrado en su hedonismo a satisfacer. Una ética basada en el amor al prójimo y la verdadera tolerancia.

¿Y qué mayor ejemplo de vida que el de Jesucristo? Cuando enseña en el sermón del monte, acerca de nuestro actuar hacia Dios, y hacia nuestros hermanos. “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados serán ustedes cuando por mi causa los insulten y persigan, y mientan y digan contra ustedes toda clase de mal” (Mateo 5:5, 9, 11).

Es bajo estas circunstancias, de persecución, de calumnia y ataques infundados que podemos realmente demostrar, no por vanagloria propia, sino por un profundo sentimiento de compasión y amor, que vivimos y establecemos el reino celestial, y no el nuestro.

Así que, ante el cuestionamiento infundado en los periódicos, templanza; ante la difamación en redes sociales, la verdad; ante el oprobio y rechazo en conversaciones, el amor. ¡Que el amor, reflejado en actos de compasión sea nuestro estandarte, que nuestras acciones como iglesia en medio de la tribulación, sean el mayor testimonio de Jesucristo en nosotros!

Durante esta crisis no podemos cumplir con las expectativas del mundo, porque no obedecemos a su estándar; obedecemos a un estándar mayor que es el estándar del amor y la compasión.

 


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